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Rosas: La dureza necesaria


Como todos los políticos natos, Rosas era antes que nada un hombre de acción, una energía desbordante que debía traducir en creaciones.

Si comparamos su carrera con la de los grandes tipos de políticos que nos muestra la historia desde un César a un Mirabeau, observaremos sorprendentes analogías sobre todo en ese aspecto de la actividad infatigable orientada hacia lo concreto. Ese tipo humano representa el polo opuesto al contemplativo de gabinete, al intelectual que se paga de teorías, en quien suele suscitar una antipatía natural que huye con desdén puesto que triunfa donde aquél fracasa; lo cual no significa que sea menos inteligente puede serlo más . Debe servir a su necesidad de hacer. La de Rosas era eximia y sin duda cultivada por toda clase de lecturas en los forzados ocios camperos, como se advierte en la precisión y la frecuente elegancia de su estilo epistolar y burocrático. Pero necesitaba aplicarla a empresas creadoras, y así fue como independizado desde muy joven de su severo hogar patricio fue a trabajar al campo, fundó estancias, estableció industrias, administró bienes propios y luego por la confianza que inspiraba ajenos, e hizo una sólida fortuna.

Sabía que la solución estaba en la causa de los pueblos, identificada con el federalismo. Pero el peligro próximo del federalismo era la desintegración. Tal era el argumento de los directoriales y los unitarios que habían pretendido conjurarla mediante la intervención militar y la constitución centralista sin otro resultado que exacerbar el patriotismo local y el odio a Buenos Aires.

Esa política nos había ocasionado la pérdida de las provincias altoperuanas, del Paraguay y de la Banda Oriental y no era probable que el movimiento se detuviese allí pues ya integraban los emigrados en la Mesopotamia por el Este en Cuyo por el Oeste y en Jujuy y Salta por el Norte. A la tarea, de conciliar dos términos aparentemente contradictorios la autonomía con la unidad se aplicó Rosas con todas las fuerzas de su alma y todos los recursos de su indudable genio político y triunfó en ella, venciendo obstáculos que a cualquier otro habrían resultado insalvables: recelos e intrigas internas, calumnia sistemática, resistencia amada, intervención extranjera.

Era natural que, para lograr su objeto, se erigiera en único juez de sus medios por ser el único que dominaba la totalidad de las circunstancias atento por su situación como por su comprensión excepcional de la realidad concreta. ¿Cómo reprocharle que haya sido a veces duro, si él consideraba en dureza necesaria? En esas ocasiones es casi seguro que tenía razón y que las ejecuciones capitales que ordenó para salvar la patria asumieron un carácter de sacrificio de sangre ineludible y casi diríamos sacramental. Sea esto dicho para encarar de frente el cargo más constante contra el Restaurador sin aceptar por ello que haya sido especialmente sanguinario. La crítica histórica ha demostrado que las "tablas de sangre" de sus adversarios se hallan tan cargadas como las que a él se le atribuyen, sin justificarse por los resultados, desde Dorrego hasta Chilavert y el Chacho.

Si es así, ¿cómo se explica su leyenda? En el fondo no tiene otro origen que la antipatía tradicional en la América hispana, del especulativo (fraile o leguleyo) contra el activo (encomendero o militar), del hombre de toga o levita contra el de espada o lanza. Basta leer las expresiones con que se refieren a él en su correspondencia los unitarios desterrados desde los comienzos de su gobierno, es decir, mucho antes de que hubiera realizado ningún acto de rigor. Es el bárbaro, el salvaje, el "gaucho bruto" ¡Ah! los escrúpulos de los tenderitos graduados en el colegio y que se sienten muy superiores a sus compatriotas porque abominan de España y de la religión, ante el magnífico campesino que acaba de frustrar sus esperanzas de imponer al país el reinado de sus "luces".
(1954)

Fuentes:
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Chavez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel
- Palacio, Ernesto.(*)
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

(*) Ernesto Palacio (1900 1979).Bonaerense. Colaboró en Martín Fierro y utilizó el seudónimo de Héctor Castillo o las siglas E.P. y H.C. Fundador, con otros, de la Liga Republicana, 1929. Inicialmente simpatizó con el anarquismo. Autor de Catilina contra la plutocracia en Roma, 1935; El espíritu y la letra, 1936; La historia falsificada, 1939; Teoría del Estado, 1949; e Historia de la Argentina, 1954. Cofundador del Instituto de I. Históricas Juan Manuel de Rosas. Diputado Nacional, 1946-52.

EL BATALLÓN DE AQUINO

Los veteranos federales

En vísperas de Caseros, ante la capitulación de Oribe en la Banda Oriental, un batallón federal pasa a las órdenes del coronel unitario Pedro León Aquino, amigo de Sarmiento. Son quinientos gauchos que han servido fielmente a Rosas durante más de quince años, en la lucha contra Lavalle, la revolución del sur y en el asedio de Montevideo. Son veteranos de las tropas de Oribe, pasados por la fuerza al ejército de Urquiza, al mando de oficiales unitarios. Solo quedarán los oficiales federales Aguilar y Guardia.

Habían dejado en sus pagos, mujeres e hijos sin pedir nada a cambio, y permanecieron más de quince años padeciendo privaciones y vitoreando a Rosas en cada batalla. Esos soldados no estaban conformes de combatir a las órdenes de oficiales unitarios que habían sido siempre sus enemigos, y deciden rebelarse.

La rebelión

Al pasar a Santa Fe, la tropa se subleva en la noche convenida, y dando muerte a Pedro Aquino y a todos los oficiales unitarios, marchan hacia Santos Lugares, donde son recibidos con vítores de admiración. Desde el Fuerte Federación (actual ciudad de Junin) dan aviso que vienen a incorporarse al ejército de Rosas. Son gauchos pobremente vestidos, rostros envejecidos y cuerpos con heridas de largas luchas federales, que regresan después de muchos años de sacrificios, a dar muestras de lealtad a Rosas, dispuestos a ponerse a las órdenes de “nuestro Gobernador”.

“Cuando esos gauchos veteranos llegaron al campamento de Santos Lugares –relata Antonino Reyes, que los recibió- el aspecto era imponente: sus ropas gastadas y hechas andrajos en la laboriosa campaña que habían hecho, llevando sus armas victoriosos en todas las batallas en que se habían hallado; unos habían envejecido, otros mutiládose por las heridas recibidas en los combates; venían después de once años de ausencia de la patria y del hogar a ver lo que encontraban de sus familias. Y sin embargo de todo eso, venían contentos de haber llenado su deber, a presentarse al Ilustre Restaurador de las Leyes, como ellos decían, a combatir a su lado contra sus enemigos. No había uno sólo que disintiese de esa voluntad, era uniforme, era el deseo de no parar hasta no llegar a la presencia de señor gobernador a quién querían ver.

Mucho trabajo me costó poder contenerlos allí con promesas que haría presente al señor gobernador su llegada y sus deseos, y que aguardarían su contestación.

Efectivamente esperaron con el caballo de la rienda. Así que regresó el chasqui que yo había despachado con aquel mensaje, lo rodearon y me pidieron que leyera el mensaje de Su Excelencia.

Abrí y leí en rueda de cabos, sargentos y oficiales lo que disponía el señor gobernador; que esperasen y que al día siguiente iría a verlos.

Al día siguiente, a la oración, llegó el gobernador. Yo presencié el momento en que entró a caballo en el centro de los cuadras donde estaban aquellos hombres alojados. En el acto se reunieron a su alrededor todos vitoreándolo, le besaban las manos, lo abrazaban y lo estrechaban con todo cariño. Allí estuvo con ellos mucho rato, y seguido de los más, fue a su alojamiento donde se sentó rodeado de muchos de ellos, hasta que pasado un tiempo lo dejaron ocuparse de sus asuntos del servicio”.

La confesión

Sarmiento opinará: “Estos soldados y oficiales carecieron diez años de abrigo, de techo y nunca murmuraron. Comieron sólo carne asada en escaso fuego y nunca murmuraron. Tenían por él, por Rosas, una afección profunda, una veneración que disimulaban apenas…¿Qué era Rosas, pues, para esos hombres? ¿O no son hombres esos seres? Reconocía así Sarmiento en esa gente las virtudes de las cuales él carecía.

El vencedor de Caseros se ensañará con “el batallón de Aquino”, fusilando y colgando de los árboles de Palermo a todos los sobrevivientes de batallón, incluidos oficiales y soldados, ofreciendo por varios días un espectáculo macabro que impresionó hasta visitantes de la ciudad y a los representantes extranjeros.

Testimonio

El general Cesar Díaz, jefe del ala izquierda del ejército de Urquiza, relata en sus memorias:
“Un bando del general en jefe había condenado a muerte al regimiento del coronel Aquino, y todos los individuos de este cuerpo que cayeron prisioneros fueron pasado por las armas. Se ejecutaban todos los días de a diez, de a veinte y más hombres juntos. Los cuerpos de la victimas quedaban insepultos, cuando no eran colgados en algunos de los árboles de la alameda que conduce a Palermo. Las gentes del pueblo que venían al cuartel general se veían a cada paso obligadas a cerrar los ojos para evitar la contemplación de los cadáveres desnudos y sangrientos que por todos lados se ofrecían a sus miradas; y la impresión de horror que experimentaban a la vista de tan repugnante espectáculo trocaba en tristes las halagüeñas esperanzas que el triunfo de las armas aliadas hacía nacer. Hablaba una mañana una persona que había venido a la ciudad a visitarme, cuando empezaron a sentirse muchas descargas sucesivas. La persona que me hablaba, sospechando la verdad del caso me preguntó “¿Que fuego es ese?” “Debe ser ejercicio”, respondí yo sencillamente, que tal me había parecido; Pero una persona que sobrevino en ese instante y que oyó mis últimas palabras, “Que ejercicio, ni que broma – dijo – si es que están fusilando gente”
(Memorias inéditas del general Cesar Díaz. P.307. cit.por A.Saldias.t.III.p357)

Nótese que esta salvajada de Urquiza es relatada por un general de su propio ejercito, lo que libra al testimonio de toda sospecha de falsedad.

Fuentes:
- Rosa, José María – Historia Argentina.
- Saldías Adolfo. Historia de la Confederación Argentina.
- Ibarguren Carlos. Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo.p.284.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

“EL SABIDO CORRESPONDENTE” - Más sobre Pedro Duval

Saladero de la época

“EL SABIDO CORRESPONDENTE”
(o “El conocido corresponsal”, en portugués)

Históricamente Brasil ambicionó dominar una margen del Río de La Plata para comunicar su Mato Groso y hasta dominar o ejercer su influencia sobre Paraguay, (parte de “las Provincias Unidas del Río de la Plata) al que finalmente le tomó parte del chaco Paraguayo y la Misiones Orientales (con la complicidad de Mitre, por cierto). Esta política los impulsó desde siempre a conquistar también la Banda Oriental, o al menos a lograr su separación de las Provincias del Río de La Pata. También hubo intentos de separar Entre Ríos y Corrientes para formar una “República de la Mesopotamia”, por partes del imperio, tal como lo ofrecieron los unitarios de Montevideo a Inglaterra mediante la gestión de Florencio Varela ante Aberdeen (1844) en la corte de Inglaterra, tradicional aliado de brasil desde el siglo XIII. Inglaterra, fiel a su tradición del “divide y triunfarás” y a su “No tenemos perpetuos aliados ni eternos enemigos. Nuestros intereses son lo perpetuo y lo eterno.” (Lord Palmerston) no dio el visto bueno de conquista a brasil, y prefirió la separación en estados menores independientes. “El gobierno no ha traído a la América a la familia real de Portugal para abandonarla y la Europa (Inglaterra) no permitirá jamás que dos estados sean dueños exclusivos de las costa orientales de la América del Sud, desde más allá del Ecuador hasta el Cabo de Hornos” (Lord Ponsonby)

Esta política unitario-inglesa-brasilera, produjo innumerables refriegas con la Provincias del Río de la Plata y con la Confederación Argentina, que llevó hasta la guerra contra el imperio de Brasil, derrotado en Ituzaingo por el ejecito Argentino, no obstante lo cual cede la dominación de la banda oriental al Brasil, (como si hubiéramos sido derrotados), por obra y gracia de nuestro de nuestro “ilustre” Rivadavia, que prefería tener el ejercito en Bs.As. para aplastar al interior “a palos y cueste lo que cueste” (Agüero). Esta escandalosa capitulación después de la victoria, produjo tal efervescencia y descrédito de Rivadavia, que aunque quiso poner de chivo expiatorio a García, tuvo que abandonar el gobierno. (con lo, a decir verdad, nos libró para siempre del “sapo del diluvio”) “Estando (Rivadavia) en sus últimas boqueadas (last gasp) pero aún no muerto –informa Lord Ponsonby al Foreign- vio en el rechazo del convenio de García una última esperanza de salvarse apelando a las pasiones patrióticas y presentándose él mismo como el salvador de la Patria”

Dorrego quiso retomar la guerra ganada, pero el Banco de Bs.As. (dominado por los accionistas ingleses) le negó todo recurso: "no facilitarle crédito sino por pequeñas sumas para pagos mensuales" (instrucciones de Lord Ponsonby a los accionistas del banco). Convencido Lavalle (la Espada sin cabeza) por los iluminados como Del Carril y Agüero, derrocó y fusiló sin mas trámite a Dorrego, gobernador legal de la Provincia de Bs.As.

Rosas consideraba a Paraguay parte integrante de la Provincias del Río de La Plata, y no pretendió anexarla por la fuerza a la Confederación, sino que le dio el trato de “Provincia”, tratando de atraerla por convencimiento y no por la fuerza. Similar política tuvo con Bolivia y la Banda Oriental, apoyando con el ejercito a argentino al general Oribe, presidente electo del Uruguay y desplazado por la ingerencia brasilera.

Por otro lado Río Grande do Sul trató de independizarse del imperio a través de la revolución de los “farraphos”, que pidieron auxilio a Rosas, y hasta tuvieron intenciones de unirse a la Confederación Argentina.

Esta situación política mantuvo una situación de estado latente de guerra con el imperio, incluido espionaje y contraespionaje de ambas partes, que llevo casi a la guerra con brasil, (ganada de antemano por la evidente superioridad argentina) y que finalmente terminó en el derrocamiento de Rosas por la traición del Urquiza, jefe del ejército de vanguardia, que se pasó con todo su ejercito al bando enemigo en vísperas de la guerra.

Durante esa guerra diplomática de intrigas y de espionaje, Andrés Lamas y Alsina comienzan a recibir, a través Juan Nepomuceno Madero, información confidencial y reservada desde Buenos Aires, que retransmiten al encargado de negocios de Itamaraty, Rodrigo de Souza da Silva Pontes. Los informes eran remitidos desde Buenos Aires por Pedro Duval a Madero, y a veces directamente a Lamas o al mismo Ponte de Ribeiro en Río de Janeiro.

Los informes eran de tal precisión y detalle, que solo podría conocer alguien muy cercano a Rosas o a sus ministros. Pasaba información relacionada con movimientos del ejército, diplomacia, correspondencia secreta y hasta cosas intimas como el humor del Restaurador. Los informes tuvieron tal credibilidad para los brasileros, que muchas veces guiaron su propia política y sus pasos, a tal punto que el ministro brasilero, por desconfianza, llego a prescindir de sus secretarios para redactar sus informes.

Pero, ¿cómo haría este Pedro Duval para conseguir la información, que siendo un empleado del correo sin acceso al circulo de Rosas, conocía tantos detalles, y trasmitía por correspondencia manuscrita por su letra?.  ¿Obtendría los informes de algún allegado a Rosas, o algunos de sus ministros o secretarios, Reyes, Pedro de Angelis, Felipe Arana? No se supo que recibiera dinero por el servicio ni como ni con quien sustraía tan valiosa información. ¿Sería algún infiel de Rosas que le daba información? ¿Algún despechado? Lo cierto es que se enviaban informes reservadísimos, por vía Madero-Lamas-brasil y el propio Madero pide a Lamas “mucha reserva y circunspección; está en riesgo un pescuezo y de un bueno y útil servidor”. Madero protegía a su informante directo Duval y a su vez al secreto informante de éste.

Pero ¿quién era este secreto informante, tan allegado a Rosas? Las sospechas caían sobre el propio Felipe Arana o su amigo Pedro de Angelis, redactor del “Archivo Americano”. El historiador brasilero José Antonio Soares de Souza deduce que es Pedro de Angelis, vinculado a Pontes, amigo de Madero y Varela y de la confianza de Arana y el propio Rosas. Pero ¿por qué lo haría? Por dinero, por convencimiento o por solo gusto de la intriga y la traición? Lo cierto es que después de la caída de Rosas, Duval siguió con su empleo en el correo, y de Angelis fue respetado por los vencedores de Caseros, y hasta recibió cierta ayuda económica en Brasil.

El historiador José María Rosa da cuenta de una carta descubierta en el Archivo de Rosas que dice textualmente: “Llegó hace dos horas la “Carmen” y hasta ahora no tengo ninguna suya. Le pido me informe sobre la misión del nuevo comisionado Terreros. He visto en una carta, de ésa del 20 que han llegado algunos delegados de las provincias ofreciendo todo. Insisto sobre la misión de Terreros y sobre el papel de Southern para trabar la acción de Brasil (que no podrá) y lo que haya comunicado Oribe. Después de lo que escribí a usted solo podré agregarle que lo único que se espera para empezar por todas partes es el regreso del comisionado de Urquiza que se espera en el Golphino por momentos. Resumiendo: el 13 salían del Janeiro dos vapores para conducir al Río Grande 400 hombres de línea (cazadores) para estar en la escuadrilla brasilera. Grenfell esta deseando empezar, y empezará de un modo firme y de frente. Vamos a ver si por ahí ayudan cuando llegue el momento. B”. La carta firmada por Nepomuceno Madero (B) y dirigida al sabido correspondente, fechada en Montevideo el 22 de mayo de 1851 fue respondida punto por punto por el sabido correspondente, tal como informa Lamas a Alsina en carta del 27 de mayo: “Llegó esta mañana el Esk con fechas de ayer. El gran corresponsal algo dice (aquí los informes). Por supuesto el corresponsal aconseja, clama y repite que se obre pronto, pronto” (Carta de Lamas a Alsina que se encuentra en el archivo de Montevideo, Legajos de Lamas, caja 89, legajo 19. según el historiador J. M. Rosa.)

Releyendo la carta en que Madero le pide informes al corresponsal, es evidente que no solamente pide informes, si no que los proporciona: que el comisionado de Urquiza llegará en el Golphino, que salieron 400 hombres para reforzar el ejército brasilero y que el almirante Grenffel estaba dispuesto a dar inicio inmediato de las acciones, etc.

Ahora bien, si la carta remitida por Madero al “corresponsal” (Duval) está en poder de Rosas, y aun así aquel puede responder a Madero sin ser molestado, es evidente (y así lo deduce el JM Rosa en su artículo “El misterio del Sabido Correspondente”) que la carta fue directamente dictada por el Rosas a Duval, (o a alguien que imitara su letra). No era otro que el mismísimo Rosas (por intermedio de Duval, de Angelis y Madero que jugaban de su parte) que valiéndose de los unitarios de Montevideo, trasmitía al imperio informaciones veraces pero intrascendentes y a su vez recibía valiosa información del enemigo. Por intermedio del Sabido Correspondente condicionó las actitudes de Brasil, engañado por años en cuanto a las verdaderas relaciones del la Confederación con Inglaterra y Francia, movimiento o preparación de tropas, etc. El impecable José María Rosas en su artículo dice "¡Gaucho pícaro y taimado, que supo engañar a hombres tan hábiles como los diplomáticos del Imperio!".

Bibliografía:
“Historia Argentina” (José Maria Rosa)
“La Caída de Rosas” (J. M. Rosa)
“El misterio del Sabido correspondente” (J. M. Rosa)
“Rosas y la Política Exterior” (Enrique Arana)
“Final de la Guerra Grande” (Manuel Fonseca)
“La Guerra Grande” (Alberto de Herrera)
“Acusación y Defensa de Rosas” (Rodolfo Trostine)

Fuente: www.lagazeta.com.ar
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Más sobre Pedro Duval y cuestiones relacionadas.

El primer saladero para exportación en la provincia de Buenos Aires lo instaló en 1798, Agustín Wright; estaba próximo a la Ensenada de Barragán. Wright era hijo de Charles Wright (Inglaterra 1720 - Bs. As. 1793) y de María Martina Prans.

Según el enjundioso “Diccionario de Británicos en Buenos Aires” de la historiadora Maxine Hanon, Charles había tenido la concesión de importar a América esclavos negros; al revocarse este tráfico se quedó en el país y adquirió en Entre Ríos la estancia Inbicuy, aquí se casó con María Martina, criolla, el 20 de julio de 1744 y se convirtió al catolicismo. Tuvo siete hijos entre ellos Agustín que se casó con María Estanislada Tartas y murió el 2 de agosto de 1817.

John I. y Edwin Clark, hijos de William y Catherine Watson, llegaron al Pago de la Magdalena a comienzos del siglo XIX. Pertenecían al grupo de paisanos que Wright convocó a partir de 1789, para instalarse con fábricas de carne salada en la Ensenada de Barragán. Lo siguieron los Staples y los Mac Neal. Luego, el francés Pedro Duval se asoció con Juan Isidoro Clark con dicho fin. Este, a su vez, se asocia con Robert Nalder Taylor
Siguiendo el diccionario de Maxine Hanon, Robert N. Taylor era hermano de Frederick Thomas Taylor, hijos ambos de Thomas y Susan Nalder, que murió en Quilmes el 12 de mayo de 1861. Frederick tuvo una importante estancia en Ensenada llamada “La Paloma”. Esta propiedad fue precisamente descripta por el viajero William Mac Cann.
Robert había llegado al país, aproximadamente en 1830 y en 1839 compró la chacra “Los veinticinco ombúes” de los Hudson, 127 hectáreas que vendió en 1841 a James Brown. Fue administrador de la chacra de Quilmes de su hermana Mary y murió el 22 de marzo de 1863.
Un hijo de Frederick, Joseph George, a quien llamaban "don Pepe", que había nacido a bordo del buque Thalía cuando sus padres emigraban a la Argentina, se casó con Catalina Meals, hija de Félix Meals el segundo maestro, después de José Rosende, que ejerció en el pueblo de Quilmes. 

Edwin Clark se casa con la hermana de los Taylor, Mary, inglesa, y se instala en Quilmes en una chacra de 115 hectáreas pegada a la de Juan Isidoro, que luego la adquiere en parte. Edwin ya separado de su mujer muere en Quilmes en 1850. Mary murió en 1884. Tuvieron cinco hijos: Susan, Ema, Edwin, John y Robert. Estos dos últimos residieron en Quilmes. El primero se casó en 1872 con su prima Elyzabeth Clark (viuda de Semple) y Robert Clark con otra prima, María Taylor, hija de Frederick.

Juan Isidoro Clark nació en Yokshire, Inglaterra en junio de 1800. Vino a la Argentina en 1825. En 1827 llegó a Quilmes y en 20 años realizó progresos asombrosos que William Mac Cann en sus memorias describe al detalle. Dio pujanza y modernidad a los establecimientos saladeriles que crearan con los Taylor: “La Materna” y “La Bella Vista”, donde él, a su vez, abrió una casa de ramos generales llamada “La Banderita”. 

Cuando desapareció la industria de la carne salada con la aparición de los barcos frigoríficos del mismo modo tuvo un exitoso cometido con las actividades agrícola-ganaderas y de granja. Además de las nombradas también fue propietario de “La Chacra vieja”, “El Azotea”, “Los Pinos”, “La Quinta Grande”, una estanzuela en Ensenada y otras dos en Magdalena y Melincué. Su esposa fue Ann Mary Whitaker. Fueron sus hijos. Elizabeth (*26/1/1840) casada con James Semple y en segundas nupcias con John Nadler Clark, su primo; Charles (29/3/1842), casado con Bárbara Semple, hija de un primer matrimonio de James Semple, el primer marido de su hermana Elizabeth; Ann Mary (7/11/1847) casada con Albert Barnett y establecida en Inglaterra.
Juan Clark murió el 23 de febrero de 1874 dejando una fortuna de 18.000.000 de pesos plata. Su mujer murió en Quilmes tres años después.
 
Es una de las primeras familias inglesas que se instala con residencia fija en el casco urbano del pueblo. Los ingleses, por lo que se conoce en estas costas, y sobre todo los que manejaban la industria saladeril, no tuvieron inconvenientes políticos durante la gobernación de don Juan Manuel de Rosas. E incluso como lo manifiesta Guillermo Hudson en “Allá lejos y hace tiempo”, lo miraban con cierta admiración. Los Clark profesaban el culto presbiteriano.
El gentilicio “inglés” en esta parte de América se refería a todos los que hablaban la lengua inglesa, ya sean escoceses, irlandeses, galeses o ingleses propiamente dichos. La inmigración británica más numerosas en el Pago de la Magdalena, el Partido de Quilmes, fue la escocesa y luego la irlandesa.
En la diversa documentación hallada, los nombres y apellidos sufren variadas modificaciones, cambios y la castellanización de algunos de ellos, como por ejemplo Edwin, por Eduardo; Melville Sewell por Miguel Sebastián; Yeates o Yates; Batte ó Bate, etc. La repetición exagerada de los mismos nombres en una familia se presta a confusión para identificar a cada individuo, principalmente cuando hay contemporaneidad, como sucede con los Clark: John, Robert, Mary, etc.
Don Juan Clark Watson, fue electo municipal en 1855 por sufragio. Las primeras elecciones que se realizaron con ese fin después de la supresión de los Cabildos en 1821. 

Integraron este primer Concejo municipal además de Clark, el doctor don José Antonio Wilde, también de origen británico y el segundo médico con que contó el pueblo y la campaña de Quilmes, Rufino Fornaguera y el Preceptor don Robustiano Pérez como secretario. Le cupo a esta administración la tarea de empezar a “diseñar” el pueblo. Se encargó de la limpieza de calles y plazas, arrancando maleza y cicuta; de acondicionar los caminos especialmente el que conducía a Buenos Aires y a La Ensenada; más otras mejoras urbanas.


BATALLA DE CURUZÚ (3 de setiembre 1866)

(Guerra del Paraguay)

Momentos previos.

Después de la batalla del “Sauce”, el ejército aliado quedó inactivo y desmoralizado por una campaña larga y llena de sorpresas, en que las victorias resultaban desastres, y el enemigo, aniquilado hoy, reaparecía mañana con mayor ímpetu. Hacía cuatro meses que habían invadido territorio paraguayo, y aun continuaban entre los brazos del Bellaco sin poder dar un paso adelante, -según Mitre- “por la falta de medios de movilidad”

Ante esa situación, el jefe de la escuadra brasileña, Almirante Tamandaré, propuso a su pariente Porto Alegre a proseguir las operaciones con tropas brasileñas exclusivamente, siguiendo la ribera del Paraná, apoyado por la escuadra.

En la junta de guerra reunida en Tuyutí el 18 de agosto de 1866, Mitre tuvo que avenirse a la decisión de los brasileños. Se resolvió que Porto Alegre, con una fuerte columna apoyada por Tamandaré y por la artillería, tomaría Curuzú y Curupayty. Como siemre, el soberbio Tamandaré prometia como en otras ocaciones -sin cumplirlo- : "...en duas horas eu descangalharei tudo iso" .

Mitre, que veía de esa forma menoscabada su autoridad, y privado del mérito de la próxima victoria, tomó “la pluma gloriosa”, y ese mismo día le dirige una nota a Porto Alegre donde le manifestaba que iba a “munirlo de todos los conocimientos y demás que en tales casos son de regla”.

Según Juan E.O´Leary, “los conocimientos y demás” se redujeron a una serie de indicaciones pueriles que no serían aceptadas por el orgulloso brasileño. Entre otras cosa le decía que habiéndose establecido que “bastaban 5 o 6 mil hombres para efectuar la operación proyectada”, y que “siendo una operación combinada de duración limitada”, obrase "de acuerdo y bajo las órdenes de Tamandaré”...

Porto Alegre le contestó con altivez que el Almirante había opinado en la junta que el número “no debía bajar de 7.000 hombres” y que por lo tanto marcharía con 8.391. Con respecto a actuar bajo las órdenes de Tamandaré, se negó, por cuanto “la antigüedad de su patente le impedía ocupar semejante posición”.

Alarmado Mitre por la actitud de Porto Alegre, convoca a una junta para aclarar la posición. Nadie le negó a Mitre la jefatura otorgada en el Tratado de la Triple Alianza, con lo que quedó satisfecho...y nada cambió.

El 1° de setiembre se embarcan 8.345 hombres de las tres armas y a las 9,45 fondean en la desembocadura de la "Laguna Piris". A las once comienza el bombardeo de la escuadra sobre Curuzú y Curupayty sin cauzar mayor daño, contestada por los paraguayos, con inferior armamento.

Curuzú estaba a media legua de Curupayty, con defensas que se extendían desde la barranca hasta una laguna próxima, y 13 cañones de distinto calibre. Contaba con 2.500 hombres.

Las acciones

El 3 de septiembre, después de un bombardeo, los brasileños en tres columnas inician el asalto. Intentan forzar inútilmente la trinchera pero son rechazados varias veces con grandes pérdidas, hasta que se percatan que la laguna era vadeable.

Atacados por retaguardia los paraguayos se defendieron con bravura en su posición, con arma blanca. Para ver lo que fue aquel heroico entrevero, reproducimos lo narrado por Thompson: “Un soldado paraguayo y otro brasilero, se arrojaron uno sobre el otro, tan ferozmente, que se traspasaron simultáneamente con sus bayonetas”.

Los brasileños se quedaron con la victoria. Según el Coronel Centurión los paraguayos tuvieron 700 muertos y 1.500 heridos; según Río Branco, los brasileños tuvieron 900 hombres fuera de combate.

Cuando el Mariscal López se enteró que el enemigo había forzado esa posición fortificada, llamó apresuradamente al entonces Capitán Bernardino Caballero, ordenándole que fuese de inmediato con su regimiento a Curupayty para tratar de detener el avance del vencedor.

Sucumba, si es preciso

“Sucumba si es preciso” -le dijo López, según refirió más tarde el ya glorioso general-, “pero no dé un paso atrás, que en seguida le alcanzará el General Díaz con la infantería, para darle protección”.

Caballero llegó al punto indicado cuando aparecían las primeras partidas de derrotados, perseguidos por la caballería brasileña, pero la sola presencia del regimiento los hizo retroceder, desistiendo de la toma de Curupayty, tal cual había sido convenido.

Momentos más tarde estaba el General Díaz, al frente de algunos batallones, organizando la resistencia. Luego el propio Díaz se encargaría de construir las defensas de trincheras y abatíes, que resultarían inexpugnables para los aliados, en lo que sería “el desastre de Curupayty”.

Fuentes:
- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- García Mellid, Atilio. Proseso a los falsificadores de la Guerra del Paraguay.
- O´Leary, Juan E. Historia de la Guerra de la Triple Alianza. Carlos Schauman Editor. Asunción.1992
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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Que parezca un accidente


-A ver, cuénteme su versión de los hechos - dice el juez:
-Verá, estaba yo en la cocina con el cuchillo de cortar jamón. En eso entra mi mujer, tropieza, cae sobre el cuchillo y se lo clava en el pecho.
-Ya - dice el juez-, siga.
-Pues así, hasta siete veces.

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TE ESPERAMOS!!!

Murió el filósofo argentino Leon Rozitchner

El último rugido en la selva de la filosofía
5 de septiembre de 2011
Fuente: Frente Transversal
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A los 87 años murió el filósofo argentino Leon Rozitchner. Agudo, polémico, descarnado, el trabajo de León Rozitchner supo tejer una precursora alianza entre Merleau-Ponty, el joven Marx y el último Freud. El adiós a un rebelde que siempre arriesgó la soledad por no dejar la crítica.

El ser del filósofo es pensar; encontrar el riesgo en esa punta del cuerno del toro que el torero enfrenta en la lid. León Rozitchner, ese formidable torero “aguafiestas” del pensamiento que murió a los 87 años, arrojó escritos de impiadosa iluminación y belleza. Avezado polemista que supo tejer una precursora alianza entre Merleau-Ponty, el joven Marx y el último Freud, valiente en su soledad, alerta contra todo aquello que pudiera anquilosar sus devastadoras argumentaciones, fue el único intelectual que en 1982, desde su exilio venezolano, se negó a firmar un documento en el que veinticinco intelectuales también exiliados –pero en México–, reunidos en el Grupo de Discusión Socialista, rescataban el hecho de que las islas Malvinas hubieran sido “recuperadas”, aunque el manifiesto repudiara la dictadura militar. “

Las Malvinas es, entre muchos otros, uno de los eslabones que atenacean el secreto político de una cadena férrea de ocultamientos y engaños que ciñe el cuerpo despedazado y tumefacto a que ha quedado reducido eso que llamamos Patria”, afirmó el filósofo, profesor y ensayista en Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia, libro que escribió durante su exilio y gran pieza disonante dentro de la propia izquierda, que lo eximió de una “metida de pata tremenda” y una declaración “lamentable”.

Un filósofo intempestivo

León era el “rey de la selva” de la filosofía argentina, un pensador en el borde de lo teológico-político. Su muerte –ese cuerpo que se fue despidiendo desde febrero, cuando fue internado, el mismo día en que murió David Viñas, su compañero de ruta en la revista Contorno– no transforma automáticamente en pretérito un corpus de trabajos que dialogan abiertamente con el presente y el porvenir. Rozitchner trazó una senda, una apuesta de fondo y a fondo por la emancipación, que ahora otros continuarán: mostrar que no hay práctica política que se resuelva sin la pregunta fundamental de cómo pensar, como señalan María Pía López y Diego Sztulwark en el prólogo de León Rozitchner. Acerca de la derrota y de los vencidos (publicado por la editorial Cuadrata junto con Ediciones de la Biblioteca Nacional). La escritura fue el laboratorio de un estilo que se labró desde la capacidad para rasgar consensos intempestivamente. Para aguijonear prematuramente. Si en los años ’60 el compás de la época, la musiquita que empezaba a calar hondo en los oídos de muchos jóvenes militantes, fue el entusiasmo por la lucha armada, Rozitchner prefería alertar sobre los puntos ciegos y la tragedia inminente que se avecinaba. Si en los comienzos del siglo XXI un variopinto coro de intelectuales y ex militantes condenó con vehemencia la lucha armada, León argumentaba su legitimidad.

“La escritura tiene algo de sagrado –decía en uno de los ensayos reunidos en El terror y la gracia, muchos de esos textos publicados en Página/12–. El misterio de por qué hay más bien el ser y no la nada sólo adquiere sentido si nos preguntamos por qué más bien hay alguien que soy yo y no la nada, por qué hay un cuerpo que es el mío y no la nada. Eso es lo raro de lo raro. Es un misterio no religioso –aunque la religión se haya apoderado de él– y en él reside el fundamento de todo sentido. El Otro también es un misterio, tanto para él como para uno mismo. La distancia entre uno mismo y los otros oculta el escándalo: que se nos mate por millones en nombre de la democracia, de la religión, del amor y de la justicia.” ¿Cómo se construye una posición, un modo de pensar tan radicalmente original, una escritura que enlaza la relación con Dios, la ley, el deseo, la madre, el cuerpo, la historia, el Otro? En el humus de esta construcción habrá que imaginar a un niño criado en una mueblería de Chivilcoy, donde nació en 1924, tal vez inaugurando ese gesto suyo de amagar con cerrar los ojos –que se puede comprobar en varias fotos– para enfocar y comprender mejor. Ese niño radiografiaba a sus padres, afinaba el oído con el yiddish y los relatos de su abuelo rabino, llegado a fines del siglo XIX. Después llegarían las caminatas iniciáticas por el centro porteño, su vivencia durante los primeros años del peronismo –luego afirmaría que operó como facilitador de un mundo popular al que la izquierda marxista, en sus múltiples versiones, le proponía un camino más arduo–; su educación filosófica marxista, fenomenológica y freudiana en París, donde se graduó en La Sorbona en 1952; sus estudios con Merleau–Ponty y Claude Lévi-Strauss; sus lecturas de Max Scheller, sobre quien escribió su tesis; y Marx. 

Belleza y ferocidad

De regreso a Buenos Aires participó del grupo fundador de la revista Contorno, junto a David Viñas, Ismael Viñas, Oscar Masotta y Noé Jitrik, en la década del ’50; pero también hay que apuntar, en la construcción de ese modo de pensar, la experiencia de su paso por Cuba, el exilio en Caracas y sus clases en la Facultad de Filosofía, en la Universidad Central de Venezuela, donde reflexionó en torno de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, como productor de ideas nuevas. La lectura de Rodríguez le había mostrado un problema: cómo pasar de la primera revolución, la “revolución política” contra los godos que llevó a la creación del Estado-nación, a la segunda, a la “revolución económica” que incluya en el disfrute de la riqueza común a todos los postergados. Hay riesgo, belleza y ferocidad en ese tono siempre punzante. León pensaba con el cuerpo y desde el cuerpo en un puñado de libros capitales como Persona y comunidad (1963), Moral burguesa y revolución (1963), Freud y los límites del individualismo burgués (1972), Perón, entre la sangre y el tiempo (1985), Las Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia (1996), La cosa y la cruz (1997) y El terror y la gracia (2003), un puñado de ensayos hilvanados en torno del genocidio, la muerte, el desplazamiento de lo femenino y el terror, entre otros tópicos, reescribiendo junto con Freud, Marx, Lacan, Artaud, Macedonio Fernández, Althusser y Severino Di Giovanni. El doctor en Filosofía en La Sorbona no pensaba publicar ese libro. Lo confesó ante el suplemento Radar. “Me da asco leerme, supone una autocomplacencia que siempre queda defraudada”, aseguró el filósofo, acompañado –como siempre– por su infaltable pipa.

“Una traidora de clase”

No era un filósofo académico refugiado en abstracciones y en cierta medianía intelectual. Pensar –para Rozitchner– implicaba la puesta en juego del cuerpo, un coraje y una valentía que están moduladas por las ganas de infringir un límite. “Al kirchnerismo hay que situarlo evidentemente en la derrota del pueblo argentino que viene desde el apoyo que le dio al golpe militar, a la guerra de Malvinas y a Menem. Esto constituye un derrotero que marca un fracaso político monumental. Todavía estamos en la dificultad que conlleva salir de esa destrucción. Entonces, ¿sobre qué fondo el kirchnerismo puede hacer una política de transformación? Con los desechos de la derrota del campo popular, bienvenida sea la aparición de este gobierno –subrayaba el filósofo–. En ese sentido, se abre tenuemente una posibilidad distinta que es fundamental pensarla a partir del campo de la política de derechos humanos. Cuando Kirchner hizo bajar el cuadro de Videla al jefe del Ejército, la Argentina sintió un respiro de liberación. Algo cambió en la subjetividad de cada uno de nosotros; dicho de otra forma, nos sacamos el terror de adentro.” Como en cada línea que escribía, a Rozitchner le obsesionaban las lógicas profundas de la opresión del hombre.

Uno de sus artículos periodísticos más notables, que quedará en la memoria de muchos lectores, fue “Un nuevo modelo de pareja política”, el último que publicó en este diario, el 10 de noviembre del año pasado. En ese texto advertía que si bien Néstor Kirchner no había hecho la revolución económica que la izquierda anhelaba, “inauguró una nueva genealogía en la historia popular argentina” cuando afirmó que “somos hijos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo”. Rozitchner postulaba que Cristina Fernández y Kirchner plantearon un nuevo modelo social de pareja política. “Cristina es un animal político femenino en pie de igualdad con el animal político masculino de su marido Néstor, cosa que no pasaba con Perón y Evita. Ocupa un rango superior a Evita en la escala de Richter de la evolución femenina. Aquí las diferencias no se contraponen sino que se complementan, como se complementan los cuerpos que al amarse se unen. De allí surge, desde muy abajo, otro modelo político –tiránico o acogedor, según sea la cifra– en los representantes del poder colectivo en el gobierno. Y por eso también desde allí surge ese odio nuevo, tan feroz y mucho más intenso, que se apoderó de gran parte de las clases media y alta argentinas.”

Aparte de la agudeza, hay que paladear el lenguaje del filósofo y ensayista, detenerse en ciertas palabras. “Por eso, tantas mujeres sumisas y ahítas de alta y media clase no nos ahorran sus miserias cuando se muestran al desnudo al dirigirle sus obscenas diatribas: no ven lo que muestran. Son mujeres esclavas del hombre que las ha adquirido –o ellas lo hicieron– y al que se han unido en turbias transacciones, donde el tanto por ciento y las glándulas se han fusionado en una extraña alquimia convertida en empuje que llaman ‘amoroso’ –continuaba Rozitchner–. La envidian a Cristina desde lo más profundo de sus renunciamientos que el amor ‘conyugal’ exige pero no consuela. Cristina las pone en evidencia a todas: se han quedado sin jeans que las ciñan, con el culo al aire. Ella tiene, teniendo lo mismo o más de lo que ellas tienen, lo que a todas juntas les falta. Pero saben que tampoco podrían nunca llegar a tenerlo. Por eso, ellas no la envidian: la odian como a una traidora de clase –de clase de mujeres, digo–. La han cubierto de insultos y desprecios: de las ignominias más abyectas que nunca vi salir antes de esas boquitas pintadas de servil encono. Cristina las pone fuera de quicio. Esto también constituye el suelo denso y material de la política, tan unido a la lucha de clases entre ricos y pobres. Ellas también son el resultado de la producción capitalista de sujetos en serie: mercancías femeninas con formas humanas, con su valor de uso y su valor de cambio.” Y vale recuperar cómo cierra este artículo y el rebote de su fraseo. “Cristina Fernández-Kirchner ha prolongado y asumido como mujer-madre, y con el hombre que fue su marido, un nuevo modelo social de pareja política. No es poco para recuperar el origen materno del imaginario colectivo que busca una sociabilidad distinta. De todos modos, habremos ahondado un lugar nuevo y más fuerte si, para defendernos, la defendemos: no nos queda otra. Y no he sido ni soy, por eso, ‘kirchnerista’.”

Una izquierda miope

Cuando se inició el conflicto con el “campo”, estuvo en la última movilización en defensa del gobierno. “Nunca el problema de la Nación estuvo tan claramente ligado a la terrenalidad geográfica material del suelo patrio. Pero faltó referir el problema del campo a la expropiación del suelo nacional, que nos pertenece a todos, diferente al de la patria que los terratenientes definen –explicaba en una entrevista que le hizo el Colectivo Situaciones–. La materialidad de la tierra expropiada está ligada a la materialidad de los cuerpos sufrientes expropiados. La izquierda de todos los signos nunca partió de ese nivel elemental para fundar, comprensiblemente para todos, la crítica a la resolución 125”, cuestionaba León y levantaba su voz contra la expresión “más miope y miserable de la izquierda, que sólo atinó a reafirmar sus consignas revolucionarias para mantenerse neutral en ese enfrentamiento”.

Cada uno esculpe su rostro en el intercambio con el mundo y con los otros. León deja un inmenso bagaje de filamentos corpóreos y afectivos; una obra incómoda y por eso mismo reconfortante que atraviesa y desafía los modos dominantes del pensar.

Por Silvina Friera

¿se suman?