El Diario del fumigador de guardia lo empieza a escribir en Ensenada, provincia de Buenos Aires, en 1951, y lo termina en París en 1983. Es la sublimación lírica de una época en que el autor se ganó la vida como fumigador de un muelle de puerto. Matar con gas a las ratas, después “abrir la panza de la rata muerta”. Es la carroña de Baudelaire, la de Rilke; pero también es la fumigación paralela a la muerte industrial, subtendida bajo el texto: “Esta canción a mitad de camino de ratas y hombres”. A mitad de camino, siempre, entre dos lugares, para ser contemporáneo, para escribir su tiempo.
¿Ya sabés de quién se trata?
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