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Si querés protestar...ponete la punzó

...la divisa punzó nació en el año 1829. La llevó el ejército en el desfile del 17 de marzo de 1831.


Durante las luchas civiles entre unitarios y federales se produjeron muchas confusiones, debido a que ambos bandos usaron los mismos colores; los federales adoptan la divisa roja punzó, heredada de Artigas, López y otros caudillos.
 
Rosas impuso el uso obligatorio de la divisa punzó a los empleados con sueldo a cargo del estado, como signo de fidelidad a la causa de la Confederación Argentina. Se generalizó el uso como demostración de ser “un buen federal” y se exigió el uso de la divisa a todo aquel ingresara al fuerte, funcionarios y miembros de legaciones extranjeras, incluidos los orgullosos “gringos” ingleses.
 
http://www.lagazeta.com.ar/ponete_la_punzo.htm

A 140 años de la muerte de Urquiza

El 11 de abril de 1870, una partida de federales compuesta inclusive por peones de don Justo, toman por asalto el Palacio de San José, resultando muerto éste en la refriega, que trata de rechazar empuñando un arma de fuego. La muerte no queda clara. López Jordán siempre negará que la muerte de Urquiza era el objetivo de la rebelión, sino su retiro voluntario del gobierno y de la política y talvez su retiro a país extranjero, sin perjuicio en su persona. Así lo afirman distintos testimonios, entre otros el de Francisco F. Fernández, que da testimonio verbal a Juan Angel Martínez donde ratifica que el propósito de la Junta Revolucionaria fue capturar a don Justo por sorpresa.

Info recibida de
La Gazeta Federal
info@lagazeta.com.ar
http://www.lagazeta.com.ar/lopez_jordan_rebelion.htm

López Moliner habla de su barrio

Mi barrio
(Perú y San Martín)
Ensenada
***
por Juan José López Moliner
- noviembre 1994 -
***
Perdón por mi soberbia, el bendito lugar donde me crié, zona residencial para personas especiales. En toda regla hay una excepción, en este caso para el lugar, yo lo era.
Las casas habitadas por esas personas especiales eran simples, humildes, limpias, con aroma a flores (todas tenían jardín adelante) y con despertadores de sangre caliente (todas tenían al fondo gallinas y gallos); sus cantos ponían música a la salida del sol en el lugar y era además la señal para ir a trabajar.
Para nosotros, los chicos, otro era el sonido para despertarnos, las campanas de la Iglesia, sólo que la campana que identificaba la media hora muchas veces nos confundía; la media carrera hasta el colegio 6 (frente a la Plaza Belgrano) nos indicaba que era esta última, tarde.
Las personas que junto a las flores adornaban el lugar, tenían todas nombres, todos lindos, pues si había alguna feo, la frecuencia de su uso lo incorporaba a los lindos. Rosita Tupac mi mamá suplente, su esposo Negro y sus hijos Julio y Mirta; Dorita Pernas y sus hermanos; don Antonio Martorelli, que sin él saberlo y yo imaginarlo se convertiría en mi suegro - cuando ello ocurrió, hacía algunos meses había fallecido -, sus hijas Negra, Cuca y Beba, mi señora. Casi llegando al hospital Ensenada para esa época en construcción, Rosita Ortega, su esposo, y sus hijos Manuel y Carlitos; más adelante Don Coste y su esposa Placer, sus hijos Marta y Alfredo; Salerno, su esposa y su hija Marta; enfrente quien sería mi maestra, la señora Julia Mora, su madre y sus hermanos.
En sentido contrario al descripto anteriormente, don Jordán y sus hijos Nico, Hilario y Eli; la carnicería de Eugenio;, la verdulería de Rodolfo; Doña Ida, que nos curaba el empacho; la señora Núñez y sus hijos Titi y Tota; Don Conrado y sus hijos Juancito, Lito y Antonio; Don Salvador, su señora Agustina y su hijo Cacho; los Velutti, Tesoriero, Robuschi, Pellegrini, Pellegrino y cuántos más se agrupaban en un lugar, en ese lugar, mi barrio, donde me crié, eduqué y me enamoré.
Por supuesto que para poder interpretar el amor, la amistad y la belleza de otros seres, como los que Dios me ha permitido conocer, por tus venas debe circular sangre que contenga esos elementos, y que mis padres (también especiales) Blanca Rosa Moliner y Alberto López me los brindaron.
***
**
*
YO NUNCA ME FUI
Dicen
que me fuí
del barrio.
Yo que nunca
me fuí.
Dicen
que no me ven
y yo sigo estando
allí.
Dicen
que en el lugar
no vivo.
No se precisa
estar
para respetar
la raíz.
No necesito
estar
en el barrio
cuando el barrio
está
dentro de mí.
Dicen
que me fuí
del barrio.
Yo que nunca
me fuí.
J.J. López Moliner

Juan de Almagro

Juan de Almagro era, por 1801, propietario de la parcela comprendida entre las hoy calles Chile y Bolivia, desde San Martín a La Merced. ¿Quién era y cómo vino a caer por estos pagos?
Malagueño (no sabemos si "saleroso"), abogado, fue enviado a América como Oidor de la Real Audiencia de Charcas. Trabajó luego siendo algo así como "asesor legal" de varios virreyes. Hasta la Revolución de Mayo fue también Auditor de Guerra, tarea que no sabemos en qué consistía. En el Cabildo Abierto del 22 votó tibiamente lo que votara la mayoría, y aún así con reservas. Lo que sí sabemos hizo bien fue llenarse de dinero y de propiedades. En Buenos Aires se compró 80 manzanas (hoy "Barrio de Almagro"). En nuestra Ensenada adquirió las dos hectáreas antes mencionadas a Tomasa López de Osornio el 21 de febrero de 1800, porque tenía el "dato" de la fundación próxima de la ciudad. Murió el 24 de julio de 1843, inmensamente rico.
Esta información que tomamos, como muchas veces lo hacemos, del trabajo de Carlos Asnaghi, nos permiten un par de reflexiones. La primera es que "vivillos hubo siempre" y Juan Manuel de Almagro demostró una vez más que los "gallegos" no son son como los pintan en algunos cuentos. Además, una segunda reflexión que es una pregunta cuasi retórica: ¿Por qué doña Tomasa le vendió a Almagro tierras a metros del centro un año antes de su segura valorización? ¿No sabía?

¿se suman?